jueves, 31 de mayo de 2018

Yo también lo sufrí. Acoso escolar



He pensado muchas veces si debería o nó escribir sobre ésto, que quizás fuera mejor dejarlo pasar, olvidarlo, no contar nada y hacer como que esto no lo he vivido. Pero hoy me ha venido la inspiración y me he dicho ¿y porqué no lo cuento? ¿acaso me da vergüenza? ¿y si con mi historia ayudo a que alguien abra los ojos? ¿y si la madre de un algún niño acosador me lee y se da cuenta, de que lo que hace su hijo, no es un simple juego y está rozando el acoso?

Pues por esto y porque soy madre, he decidido contar mi história.





Yo de pequeña no era una niña gorda, era una niña llenita, y que al ser bajita parecía más llenita aún, pero no era gorda, y aunque lo hubiera sido...¡¿que hubiera pasado?!.

De pequeña mi físico no me importaba lo más mínimo, yo no tenía problemas por hacer amigos en todas partes, era muy extrovertida, enseguida entablaba conversación y a jugaba con otros niños, ¡era una relaciones pública de primera!. 
Mi madre siempre me cuenta, que a pesar de que mi prima era mucho más bonita que yo, los piropos no se los llevaba ella cuando estábamos justas las dos jaja, porque el salero y la gracia que yo tenía no se ensombrecían con la guapura de mi prima; yo no tenía problemas para relacionarme con mayores o pequeños, hablaba con todo el mundo sin vergüenza ninguna.


Los primeros amigos que tuve en el barrio eran unos niños de mi calle, algunos vivían en el mismo edificio que yo y otros en edificios de al lado o cercanos. Entre ellos estaban Carlos, Norberto, Aroa y Vanesa, de mi edad; Alicia, Alberto, Sole y Raquel un año más pequeños; Laura y Jorge, 3 años más pequeños que yo, y hermanos de Alicia y Carlos respectivamente, y la pequeña Noelia, 5 años menor que yo y hermana también de Alicia y Laura.

Éramos un grupo grande de amigos de varias edades que jugaba todos juntos.
Aroa, Vanesa y Sole vivían en otros edificios muy cerca del mío, el resto de niños eran todos vecinos de mi mismo portal.
La mayoría íbamos al mismo colegio, y lo teníamos al final de nuestra calle, apenas andando a 5 minutos de casa.


En el barrio también habían otros amigos, los de la clase.
En clase yo unía especialmente con Vero, Miguel Ángel, Mayte, Rocío y Jose Ramón. Desde siempre habíamos ido juntos a clase y éramos niños tranquilos que jugábamos a cualquier cosa sin pelear y con buen entendimiento. 

El en colegio no me relacionaba tanto con los niños de mi edificio, pues ellos jugaban con sus compañeros de clase y yo con los míos, y luego cuando salíamos a la calle después del colegio, pues ya nos juntábamos a jugar bajo la supervisión de las madres, que se quedaban haciendo corrillo en el portal para hablar de sus cosas.


La madre de las 3 hermanas (Alicia, Laura y Noelia), la madre de Alberto y la madre de Carlos y Jorge, eran íntimas amigas. Mi madre tenía bastante trato con todas pero no era íntima de ninguna porque en alguna ocasión ya se había visto desplazada y con una vez que le dieran a entender que sobraba, era suficiente. Pero se llevaba bastante bien con la madre de Aroa, que era de mi misma edad y la mejor de mis amigas junto con Vanesa.

Os cuento todo esto porque todas estas cosas tienen relación entre sí, y ahora llega lo bueno...



Como todos los niños, durante los juegos surgen roces, peleas, voces..., pues son cosas del juego y cada uno hace lo que considera y a esa edad, lo último que se tiene en cuenta, es si al de al lado le parece bien o mal jeje, cada uno va a la suya sin importarte el otro.  El problema llega cuando de los roces, los malos entendidos y las voces, se pasa a los insultos y las descalificaciones, porque esas palabras malsonantes hacen daño, y mucho.

Yo me podía enfadar con uno u otro y estar un día entero sin hablar con ese amigo, pero al final acababa haciendo las paces, porque nunca he sido una persona rencorosa, al contrario, no me gusta estar enfadada con nadie o que otro lo esté conmigo.
Era muy habitual vernos a Vanesa, Aroa, Sole y a mi discutiendo, y a la media hora riéndonos de nosotras mismas y sin que "la sangre llegase al río" y se quedase solo en una riña tonta. No obstante, con los otros niños no pasaba igual, sobre todo con las hermanas y con Alberto, esos 4 se aliaban entre ellos para hacerme la vida imposible; si uno de ellos se enfadaba conmigo, se volvían todos contra mí ¿que divertido verdad?, pues para mí era un trauma, temía el momento en que uno de ellos se enfadase conmigo, que casi siempre era Alicia, porque arrastraba a los demás.
Y un día y otro y otro y otro...al final son muchos días de enfadarse conmigo por verdaderas tonterías y tenerlos a todos en mi contra, eso es insufrible para una niña y yo sólo tenía  9 o 10 años.

Para que os hagáis una idea, yo era una niña que se moría si no salía a jugar a la calle, que le daba igual que lloviese o hiciera frío porque yo necesitaba estar al aire libre y relacionarme, y por culpa de estos 4 niños, dejé de salir por miedo a encontrármelos.
Lo más normal era verlos a diario, pues vivíamos en el mismo edificio, aunque por suerte yo en un piso superior a ellos y con balcón a la calle para poder controlarlos y salir cuando ellos no estuviesen en la puerta.
Fueron 5 meses de estar encerrada en mi casa , de no querer salir más que con mis padres, de no querer ir ni a comprar el pan sola, de no querer ir y volver del colegio, todo por no cruzarme, en especial con esos 4 niños.
Fueron meses muy duros para mí, en los que me las tuve que ingeniar para que no me vieran y evitar los insultos y las vejaciones; por ejemplo para ir al colegio cada día, me asomaba al balcón y cuando los veía salir (siempre iban los 4 juntos y en ocasiones les acompañaba algún que otro vecino más), entonces salía yo, llegando siempre con el tiempo justo y esperándome a que entrasen antes que yo a su clase. En los recreos me refugiaba en mis amigos de clase, con los que seguía manteniendo una estupenda relación, pero en ocasiones se cruzaba mi mirada y la de los "4 mosqueteros" que les llamaba mi madre, y mi corazón daba un vuelco porque me hacían burla y me amenazaban. Para salir del colegio usaba la misma técnica, intentaba que ellos saliesen delante de mi para que no me crucificasen durante todo el trayecto de vuelta a mi casa.
Si alguna vez tenía que salir sola, me lo montaba de manera que estuviesen sus madres en la puerta en plan corrillo de marujas y ellos estuviesen distraídos, porque sino, estaba perdida.



Ellos se crecían ante la situación y yo me hacía cada vez más chiquitita. Si me los encontraba de sopetón, tenía que salir corriendo porque empezaban a gritarme y a insultarme y la gente se giraba a ver a la niña gorda, a la que insultaban, y yo me moría de la vergüenza, no soportaba el ridículo por el que me hacían pasar. Nunca llegaron a pegarme, nunca, pero si que me escupían y me tiraban cosas.

Pero....si yo lo pasé mal..., imaginaros mi madre...la pobre no entendía qué me pasaba, yo apenas le contaba nada y nada sabía de mi calvario y un día ya exploté, no pude más, rompí a llorar encima de sus brazos y le conté la cruz que llevaba sobre mis espaldas. Aún recuerdo su cara de pena mirándome y sus manos acariciándo mi cara a la vez que me decía que no les hiciera caso, que esos niños no tenían otro entretenimiento que meterse conmigo y que yo no era todo lo que ellos me llamaban.
Realmente yo estaba muy traumatizada y acomplejada, me consideraba a mi misma un monstruo.
¿Sabéis cómo me llamaban? Hormiga atómica (en aquel tiempo había una serie de dibujos que se llama así), gorda sebosa, decían que un día iba a explotar de lo gorda que estaba, decían que yo olía mal, que me meaba en la cama, que era fea y que mi familia no me quería y se avergonzaban de mi....me decían tantas cosas feas...., tantas cosas hirientes...que al recordarlas me duelen como en aquellos momentos me dolieron....
Mi madre comprendió entonces muchas cosas..., vio claramente el porqué de mis cambios de hábitos, de no querer salir ni a por el pan con lo que me gustaba hacerlo porque me hacía sentir mayor...y en parte se sintió mal como madre por no haberse dado cuenta de que algo tan gordo me pasaba, pero mi hermano pequeño apena tenía 2 años y medio y absorbía casi todo el tiempo de mi madre y la pobre no daba más de sí...yo la entendía perfectamente, pero ella tenía mucha pena.

Cuando me calmé, le hice prometer a mi madre, que no le diría nada a las madres de los "4 mosqueteros", por el pánico que tenía a que se agravase la cosa y fuese aún mucho peor. Pero ella rompió su promesa y aprovechó una mañana en la que estábamos todos en el colegio para hablar con las 3 madres, una por una, y exponerles la situación.
Evidentemente ellas no sabían nada, ni tan siquiera se imaginaban que sus hijos me acosaban de esa manera, alguna de ellas incluso dijo que eso no era cierto y que todo eran invenciones mías, pero mi madre le explicó cómo su hija temblaba de miedo, pidiéndole por favor, que no la enviase a comprar el pan, porque estaban los niños jugando en la puerta del patio y se iban a meter con ella, entre otras muchas cosas.
Mi madre se lo dejó claro a las 3, les pidió por favor que tuvieran una charla con sus hijos y que les prohibieran ni tan siquiera mirarme, les pidió que me dejasen tranquila, que si yo no les gustaba como amiga que me dejasen en paz, que yo no obligaba a nadie a que fuesen mis amigos, pero que tampoco se metiesen conmigo y me hiciesen la vida imposible, porque yo tenía una ansiedad que no podía con mi vida y al final desembocaría en un serio problema.



No me cabe la menor duda de que mi madre se quedó corta contándome la conversación con las madres de aquellos niños y que les puso los puntos sobre las íes, porque surtió un efecto inmediato sobre los "4 mosqueteros", que estuvieron unas semanas sin pisar la calle, castigados, y yo pude nuevamente salir, con prudencia y miedo, lo reconozco, pero por lo menos podía salir a casa de mis amigas Aroa, Vanesa y Sole, y relacionarme con los otros niños de mi edificio, que no solían participar en los conflictos ajenos pero a los que se les había calentado la cabeza sobre mí y se les había pedido que me insultasen o simplemente me retirasen la palabra.

Poco a poco fuí recuperando la confianza perdida en mi misma, recuperando mi autoestima, mi orgullo y mi forma de ser, y aprendí a construir un muro de piedra delante de mí, que servía de escudo frente a personas tóxicas como aquellos niños, que no me querían nada bien y además querían verme sufrir.

Aprendí a pasar de estos niños y a ignorarlos. Me los cruzaba por la calle y agachaban la cabeza, avergonzados, y yo ya no me escondía, mantenía mi cabeza alta y les demostraba que para mi, ya estaba todo olvidado. Y fué así como salí del pozo, gracias a mi madre que tuvo los cojones de encararse a esas madres y de mi afán de superación y ganas de salir adelante. Hice nuevos amigos que me ayudaron mucho a pasar página y a perdonar, y con el tiempo...., fijaros lo irónica que es la vida, Alicia y yo acabamos siendo buenas amigas, no las mejores, pero sí buenas amigas, de las que se escriben cartas y se echan de menos en verano mientras están de vacaciones el pueblo. Ahora ya no hay ninguna relación.


Y no sé si me creeréis, pero no les guardo rencor. Entiendo que todo empezó como una pelea infantil, sacada de contexto, mantenida en pandilla y llevada al extremo, pero sin conocimiento de causa y del daño que hacían, pues estoy totalmente convencida de que no eran conscientes de lo que me hacían sufrir, y dudo que hoy en día, se acuerden lo más mínimo de cuánto se pasaban conmigo.

Años después, cuando entramos al instituto, cambiaron las tornas. Alicia no fue bien acogida entre sus compañeros de clase y la que sufrió el bulling y el acoso a otro nivel más serio, fue ella.

Me daba pena, mucha pena, pero una parte de mi no hizo nada por ayudarla (y tampoco estaba en el mismo instituto); una parte de mí pensaba que uno siembra lo que recoge, y que en parte se lo tenía merecido. Ella estuvo mucho tiempo intentando pasar desapercibida, saliendo lo justo de casa y volcándose en sus estudios..., hoy en día es arquitecto y tiene un buen trabajo, una buena casa y una bonita familia, de lo que me alegro infinito.
Y no le deseo nada malo.






11 comentarios:

  1. Hola guapa. Se me ponen los pelos de punta cada vez que oigo hablar del acoso escolar, cada vez más frecuente. Ahora que soy madre pienso que le pueda pasar a mi hija....y no se como lo podría llegar a soportar. Tiene que ser durísimo para toda la familia, y algo que dejara al niño tocado para siempre

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  2. Hola,
    Es estremecedor leer tus palabras, sobre todo cuando yo misma he vivido situaciones muy parecidas a la tuya...me han venido un montón de recuerdos que tengo ahí en la trastienda y de vez en cuando salen a sacudirse un poco...como te he mencionado tu vivencia se parece mucho a la mía y te entiendo perfectamente y me parece estupendo que lo cuentes alto y claro. Porque sigue pasando, todos los días y aunque de todo se aprende y se le da la vuelta a la tortilla, no quisiera que por nada del mundo mis hijos pasaran por semejante calvario...y OLE, OLE y OLE por tu querida MADRE. Besos.

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  3. Hola!! Cada vez que oigo leo una historia de estas me da mucha pena y más me pongo a pensar en tu situación en la que ahora eres madre y lo que sufrimos las madres. Y mira lo que tuvo que sufrir tu madre pero por lo menos hablo con las madres de esos personajes y pudiste estar mejor. Es una pena que esto está a la orden del día pero estoy segura que tú historia servirá para ayudar a más gente.
    Besos.

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  4. Yo tambien creo que estas cosas muchas veces es necesario contarlas, si que ayudan a otras personas al leerlas pero tambien ayudan a uno mismo cuando las sacas, pero eso si, cuando sientas que debes hacerlo, no porque te lo digan los demás! es terrible lo que os has contado, lo que te decían y como te hacían volver cada vez mas pequeña, y como luego conseguiste ir levantando poco a poco la cabeza, tienes mucha fuerza!

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  5. Muy emotivo tu testimonio y necesario. Creo que puedes ayudar a muchos niños y jóvenes con él.
    Te felicito por este paso.
    Un beso inmenso
    Mercè

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  6. Tu historia me ha dejado con el corazón en el puño... que mal lo has tenido que pasar y que importante es que hagamos saber a nuestros hijos que tienen que tener la confianza y el coraje necesario para contarnos estas cosas... ¡menos mal que tu fuiste valiente y lo dijiste! y tu madre de enfrentarse al resto de madres... ¡me alegra ver que todo eso ya es pasado y que tu estas bien!
    Besos desde JustForRealGirls

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  7. buenos días guapísima
    creo que has hecho bien en contar todo en el post.
    Una manera de desahogarte y de ayudar así a otras personas, que lo están sufriendo y no se atreven.
    Hay mucho valiente suelto, pero lo triste es que solo lo hacen si están en grupo, en solitario no se atreven.
    Un abrazo enorme mi niña

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  8. Madremía qué mal lo tuviste que pasar. Pienso que tu experiencia puede ayudar a otros niños a poder superar esa situación. Has sido valiente en contarlo! Besitos
    Susana Whynotshopper 😘

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  9. Hola guapa
    He leído tu artículo con el corazón en un puño, es doloroso pero si, tienes que compartirlo para intentar evitar que siga pasando
    Ojala yo un día reuna el valor y pueda contar lo que me pasó a mi en mi adolescencia
    Un besazo

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  10. Gracias por compartir tu experiencia, a mí francamente me da verguenve revirdar cómo se metianbcon algunas niñas en el cole... Hay quienes lo superan con una madurez increíble, pero a otros les afecta un montón. Cómo padres hay q estar muy encima de los niños y no pasarles ni una, que aprendan a respetarse... Uffff

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  11. Hola Marilò, son historias que marcan nuestra infancia y a veces reaccionamos de la misma manera que lo hicimos cuando niños, si se presentan otra vez. No de la misma manera, pero el bulling es una realidad en todas las edades. Lo importante es superarnos a estas situacio mes, poco a poco y recuperar la confianza en nosotras mismas. Un abrazo!

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